Andrea

Andrea fue diagnosticada con un padecimiento degenerativo del ojo en la década de los 70, cuando aún no existían los transplantes de la córnea. Se resignó a usar lentes de contacto y se conformaba con la posibilidad de que iba a quedarse ciega cuando llegara a la adolescencia. Afortunadamente, la degeneración de la vista avanzaba a paso lento y recibió una córnea nueva cuando tenía unos 30 años. Si no hubiera sido por el transplante, habría sido imposible el trabajo de Andrea, en el cual administraba las relaciones mediáticas de un departamento de parques y recreación. Andrea está enormemente agradecida con la familia de su donante por ayudarle a recuperar la vista.

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